22 de Febrero


[...] Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. [...]
Las ruinas circulares, Jorge Luis Borges


http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/borges/ruinas.htm

16 de Febrero

Libros sagrados y sobados, libros
devorados, devoradores,
secretos,
en las faltriqueras:
Nietzsche, con olor a membrillos,
y subrepticio y subterráneo
Gorki caminaba conmigo.
Oh aquel momento mortal
en las rocas de Víctor Hugo
cuando el pastor casa a su novia
después de derrotar al pulpo,
y el Jorobado de París
sobre circulando en las venas
de la gótica anatomía.
Oh María de Jorge Isaacs,
beso blanco en el día rojo
de las haciendas celestes
que allí se inmovilizaron
con el azúcar mentiroso
que nos hizo llorar de puros.

Los libros tejieron, cavaron, 
deslizaron su serpentina 
y poco a poco, detrás
de las cosas, de los trabajos,
surgió como un olor amargo 
con la claridad de la sal
el árbol del conocimiento.

Los libros, Pablo Neruda (Memorial de Isla Negra)



10 de Febrero

Furiosamente
                         gira
  sobre un reflejo
                            cae
en linea recta 
                            afilada
blancura        
                  asciende
          ya sangriento el pico
sal dispersa    
                                 apenas línea
al caer           
      recta
tu mirada      
                                sobre esta página
disuelta         

A vista de pájaro, Octavio Paz



9 de Febrero

¿Qué tal te llevas con tus monstruos?


8 de Febrero

Y fue a esa edad... Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río. 
No sé cómo ni cuándo, 
no, no eran voces, no eran 
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche, 
de pronto entre los otros, 
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma, 
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando 
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería, 
pura sabiduría 
del que no sabe nada,
y vi de pronto
el cielo
desgranado
y abierto,
planetas,
plantaciones palpitantes,
la sombra perforada,
acribillada
por flechas, fuego y flores,
la noche arrolladora, el universo.

Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.

La poesía, Pablo Neruda (Memorial de Isla Negra)